20 Mar Planificar el paisaje: aprendizajes desde el territorio
A fines de febrero participamos de un encuentro en el Parque Punta de Lobos, en un momento del verano en que la presión sobre los paisajes naturales se vuelve especialmente evidente. Es justamente en esta época cuando la sobrecarga de visitantes y actividades deja ver con mayor claridad el impacto que tenemos los seres humanos y nuestras formas de vida sobre espacios naturales que son hábitat de especies con altos grados de fragilidad. Un sendero no formalizado, un pequeño relleno improvisado o residuos acumulados pueden parecer acciones menores, pero son señales visibles de cómo nuestros modos de habitar afectan territorios sensibles.
Estas situaciones no son exclusivas de un solo lugar. Son realidades que se repiten en diversos paisajes del país, desde el secano costero hasta los bosques ribereños pantanosos de Valdivia. Desde allí, con mucho respeto y amor por nuestro territorio, llegamos a este encuentro para compartir parte de nuestra historia como paisaje, como ciudad y como experiencia municipal vinculada al cuidado de la biodiversidad.
En ese contexto, presentamos el trabajo que se desarrolla desde el vivero municipal de Valdivia, mostrando un modelo de planificación del paisaje que busca mirar el territorio de manera integral: desde la cuenca hasta la semilla. Un enfoque que entiende el paisaje como un sistema vivo, donde la comunidad tiene un rol central y donde incluso los conflictos ambientales pueden convertirse en oportunidades para generar aprendizajes, articulación y nuevas formas de acción.
Hoy en muchos territorios del país ya se están impulsando prácticas que responden a esta mirada. No surgen por moda, sino por necesidad. La agroecología como respuesta emergente frente a la crisis climática, el uso de flora nativa en espacios públicos y privados, los bosques Miyawaki, los monitoreos ambientales comunitarios y diversas estrategias de restauración ecológica son prácticas que las comunidades ya están desarrollando. En muchos casos, estas experiencias han sido impulsadas por territorios que han debido enfrentar conflictos ambientales profundos, como incendios forestales o la pérdida de especies emblemáticas, como ocurrió en Valdivia con la muerte masiva de cisnes en el río Cruces.
En este escenario, el rol de los servicios públicos en la planificación territorial se vuelve fundamental. Hoy existen grandes oportunidades para avanzar en esta dirección: la implementación de la Ley Marco de Cambio Climático, las actualizaciones de los planes reguladores y sus procesos de evaluación ambiental estratégica, entre otros instrumentos. Sin embargo, el desafío es que estas herramientas logren responder efectivamente a los conflictos y necesidades que las comunidades ya están enfrentando, generando acciones concretas y estrategias territoriales con visiones prácticas, ejecutivas y multifactoriales.
Se requiere avanzar hacia estrategias capaces de articular distintos planes e instrumentos públicos, permitiendo sostener estas iniciativas en el tiempo mediante modelos de gestión y financiamiento adecuados. Un ejemplo de ello es el programa Núcleos Nativos de la Ilustre Municipalidad de Valdivia, que impulsa la restauración de ecosistemas urbanos mediante un modelo de plantación ornamental de flora nativa en alta densidad, con múltiples estratos vegetacionales y con capacidad de generar hábitat para fauna local.
Este programa innovador lleva ya cinco años implementándose en las áreas verdes de la comuna de Valdivia, con cerca de 80 núcleos nativos desarrollados. De ellos, el 56% ha sido impulsado directamente junto a comunidades, mientras que el resto ha sido implementado por el servicio de Ornato de la ciudad. Las plantas utilizadas en estos espacios son producidas por equipos especializados en flora nativa en el vivero municipal de Valdivia, un lugar donde comunidad y municipio dialogan, aprenden y crecen en torno al cuidado de nuestra biodiversidad local.
Quizás ahí está una de las claves para enfrentar los desafíos que hoy viven nuestros territorios: reconocer que muchas de las respuestas ya están ocurriendo a escala local. Comunidades, municipios y organizaciones están ensayando nuevas formas de restaurar y habitar los paisajes. El desafío para la planificación pública es aprender de esas experiencias, integrarlas y darles continuidad. Porque en tiempos de crisis climática y ecológica, planificar el paisaje ya no es solo una aspiración técnica: es una tarea urgente para sostener la vida en nuestros territorios.

Columna de Cindy Farías Díaz
Paisajista – Ilustre Municipalidad de Valdivia
Fotografías: Felipe Contreras – Fotógrafo Municipalidad de Valdivia





